
Tan grande fue la angustia de Nehemías que rompió a llorar al enterarse de la noticia. El dolor permaneció en su espíritu mucho después de que sus lágrimas se secaran. Cargó con la tristeza y la desesperación, clamando a Dios en su sufrimiento.
Pero incluso mientras la tristeza lo atormentaba, Dios le dio a Nehemías una visión: la idea de ver su ciudad restaurada. Comenzaría con la restauración de las murallas. Esto no sería tarea fácil, y el desafío sería abrumador. Algunos incluso dirían que era imposible.
Tal vez te sientas identificado. Dios también te ha dado una visión. Tal vez no fue una visión real en medio de la noche. Tal vez sea solo una sensación en tu corazón. Con un susurro, el Espíritu Santo habla en el silencio. Tu visión podría ser la de acoger a un niño, emprender un nuevo negocio, educar a tu hijo en casa o escribir un libro.
Sea lo que sea, quizás te enfrentes a la tarea y la sientas imposible. Tal vez dudes de tener la fuerza y el valor para lograrlo. Puede que pienses que otros están destinados a hacer grandes cosas para Dios, y bueno, tú solo eres… tú.
No creas las mentiras del enemigo. Si Dios te ha dado una visión, Él puede proveerte de todos los recursos que necesitas para cumplirla. Como la historia de Nehemías lo demuestra una y otra vez, nadie puede oponerse a la voluntad de Dios. Aquí tienes cinco verdades que debes llevar contigo al comenzar tu propio camino hacia la visión que Dios te ha dado…
